El otro día fui a un restaurante con varios amigos para celebrar un cumpleaños.

Y la experiencia resultó ser súper divertida porque el camarero (y dueño del restaurante) que nos atendió era un espectáculo andante.

Tras estar un rato mirando la carta y ponernos de acuerdo con lo que queríamos, el camarero no tardó ni dos minutos en darte la vuelta y convencernos para elegir lo que le dio la gana.

Por elegir no elegimos ni la bebida. El tío nos endiñó lo que quiso:

Un chuletón de casi kilo y medio a la piedra, patatas con pimientos a reventar, una pata de pulpo a la brasa, varias tapas más y el vino que se le antojó (yo aquí me planté y pedí sidra).

El caso es que quedamos maravillados, todo estaba buenísimo y no nos quedó otra que admitir que tenía razón.

Durante la comida además nos hizo de showman, primero nos dejó probar un picante americano que casi morimos y luego comimos un trozo de flor japonesa que te provocaba una sensación muy chunga en la lengua.

Cuando llegó el momento del postre le dijimos que no queríamos, pero adivina...

Nos vendió una piña 2.0, así la llamó.

Y ante la evidencia de que hasta el momento no había fallado, no nos quedó otra que aceptar su propuesta.

La piña estaba espectacular, marinada en dos licores, menta y peta zetas.

Y para acabar pensamos en pedir cafés, pero le dijimos que nos pusiera lo que le diera la real gana y eso hizo.

...

En conclusión a veces hay que dejarse guiar por los profesionales.

Más de una vez me he topado con alumnos que tenían muy claro qué orden de cursos seguir, cuando lo lógico era seguir otro diametralmente opuesto.

Por eso creé los itinerarios, para que en lugar de perderte en "la carta" de cursos, sigas mi recomendación y solo te preocupes de disfrutar la experiencia de aprender con fundamento.

https://silicodevalley.com/itinerarios/

Y si tienes necesidades concretas siempre procuro adaptarlo a cada caso.

David Perálvarez