El otro día fui a visitar a mis padres y estos me dieron un tomatazo del huerto de mi tío.

Digo tomatazo porque pesaba casi un kilo y tenía un color que daba gusto verlo.

Esa noche preparé una ensalada con un cuarto de tomate y el resto lo guardé como si fuera un tesoro.

Al probarlo casi se me cayó la lagrimilla, por fin un maldito tomate que sabía a tomate.

Y es que no sé tú, pero da igual dónde compre los tomates, sean del tipo que sean (y el precio que tengan) que al probarlos saben a porexpán.

Por tanto, no es lo mismo comprarte un tomate que lleva medio año en la cámara frigorífica y te aguanta otro medio año más en tu nevera, que un tomate que ha sido cultivado con cariño y la dedicación necesaria.
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El otro día estaba grabando una lección sobre GitHub y justo al acabarla y publicarla, recibí un correo de parte de GitHub donde alertaban que justo ese mismo día (ya es casualidad) habían cambiado la forma en cómo debemos autenticarnos desde el terminal.

Podría haber hecho la vista gorda (tururú) y aquí no ha pasado nada, pero preferí volver a grabar la lección y que los alumnos, tengan tomates que sí saben a tomate.

Por cierto si quieres saber qué cambio ha introducido GitHub, no te pierdas esta lección:

https://silicodevalley.com/leccion/creamos-un-repositorio-remoto-y-subimos-repositorio-local/

David Perálvarez