Algo que me encanta hacer por estas fechas es jugar a juegos de mesa en familia y con amigos.

Cada comilona jugamos al "Time's up", cuyas cartas ya nos sabemos de memoria (y nuestra parte favorita es cuando hay que hacer mímica) o a otros juegos como "Dixit", "Código secreto" o "Sushi go!", todos ellos bastante simples, que se dejan jugar en un estado de post empache.

Pero luego hay otra serie de juegos donde ya solo la explicación para aprender a jugar requiere 2 horas, que hacen que pierda todo mi interés y que sea incapaz de procesar ninguna información, tal cual me pasa cuando en la tele dan el parte meteorológico.

A esto hay que sumarle que soy cero competitivo en los juegos de mesa y eso provoca que haya piques cuando toca formar equipos, porque me da absolutamente igual perder y mis compañeros se desesperan.

Siempre les digo que ya me estreso bastante siendo autónomo y que "desafortunado en el juego, afortunado en el amor".

En mis cursos intento siempre que haya la menor teoría posible (y que la que haya sea entretenida de seguir) y sigo un modelo de "aprender haciendo", que es como creo que mejor se aprende.

De esa forma vamos al turrón lo antes posible y no te doy la chapa 2 horas previas. Te la doy muchas más, pero siempre ensuciándote las manos, para sacar el máximo provecho.

Mañana cierro las puertas a Jumanji.

David