Este fin de semana han sido las fiestas de la Mercè, que si no las conoces, es la fiesta mayor de la ciudad de Barcelona.

Es por eso que me fui de excursión a pasear por Montjuïc, una de sus montañas más conocidas.

Durante la excursión todo fueron risas y jolgorio, hubo una parada técnica en una terraza al lado de su castillo y hasta estuve tumbado en el césped de uno de sus numerosos parques, el que tiene nenúfares.

Vamos, un sábado idílico sacado de película americana de los años 50.

Pero entonces llegó la noche y yo ya estaba en mi ciudad. Esa noche me iba de concierto y cuando fui a echar mano a la cartera, esta no estaba donde tenía que estar.

Terror, estupor.

¿Dónde narices estaba la maldita? ¿Se me cayó subiendo? ¿Bajando? ¿En la terraza? ¿En el césped? ¿Viendo una obra para niños de una mujer disfrazada de pollo colgada por un cable?

No me quedó otra que volver al día siguiente y empezar mi búsqueda, replicando toda la ruta del día anterior. Búsqueda que tuvo -10 éxito.

Por lo que volví a casa, cagándome en todo lo cagable, pensando en tener que renovar el DNI, carnet de conducir, cancelar tarjetas...

Y al llegar, resultó que la cartera jamás había salido de mi casa, es decir, ni si quiera me la había llevado a la montaña, estaba en el bolsillo de una chaqueta que al parecer me había puesto esa mañana para ir a comprar el pan.

Así que en una demostración de estoicismo, respiré hondo y acepté la situación como algo bueno, ya que me ahorraba un montón de trámites odiosos.

Toda esta historia, a parte de demostrar que soy un despistado nato (tengo infinitas del estilo) me recordó a esas veces en que me dejé un punto y coma en el código y eso provocó que estuviera varias horas encallado hasta dar con la solución.

En la academia siempre pongo a disposición el código que realizamos para que, si te pasa eso, puedas usar una herramienta de comparación...

...para ver si te dejaste o no la cartera.

David